Las emociones dan lugar a determinados pensamientos y los pensamientos. A su vez, hacen nacer las emociones. Pues, cuando nos guiamos sólo por la emoción que estamos teniendo, sin hacer una reflexión de la veracidad de esos pensamientos  podemos llegar a actuar de forma irracional. En otras palabras, la gestión emocional es la clave del autocrontrol.

TUS EMOCIONES INFLUYEN EN EL SISTEMA INMUNOLÓGICO

Está comprobado científicamente que la alegría y la felicidad, así como la risa ocasiona impulsos eléctricos en el cerebro que liberan hormonas que fortalecen nuestro sistema inmunológico. Del mismo modo, la ira, el resentimiento y el odio provocan la liberación de hormonas que agotan el sistema inmunológico natural. Es momento de que empieces a tomar conciencia de cuáles son tus pensamientos y la manera de cómo influyen en tu cuerpo. Te invito a reflexionar en lo siguiente ¿Quién dirige tus pensamientos?

Control de las emociones

Cada emoción despierta algo en nosotros

Cuando aparecen emociones tales cómo: celos, odio, aversión, impotencia… Nuestro cerebro libera una elevada dosis de adrenalina. La misma, nos induce a actuar impulsivamente, nos cuesta pensar con claridad y por, en consecuencia, no somos capaces de ver la repercusión de nuestro comportamiento. En las ocasiones que actuamos bajo estas emociones los pensamientos que aparecen son negativos y desagradables, provocan malestar y nos conducen a actuar para encontrar de nuevo la paz. 

Por otro lado, cuando sentimos miedo, ansiedad, preocupación, estrés, nervios…. En nuestro cerebro aparece un alto nivel de cortisol. En este caso, los pensamientos que aparecen son de evitación y anticipación. Puesto que, los pensamientos que predominan son preocupaciones sobre un problema, anticipación de aquello que podría pasar, nerviosismo, incomodidad, malestar… Y evitamos, por encima de todo, hacer aquello que nos preocupa o pensamos en alternativas para que no suceda.  Es decir, perdemos la apertura a la experiencia. Se toman precauciones irracionales.

En último lugar, si las emociones que aparecen son: tristeza, depresión, decepción, frustración… En consecuencia bajan los niveles de serotonina. En otras palabras, se pierde una visión optimista del futuro. Asimismo, caes en los tópicos: esto no tiene solución, no va a cambiar nada, yo soy así. No vas a tomar una decisión realista. Además, inicias un bucle de autodestrucción del que cuesta salir posteriormente. 

Las emociones nos influyen más que la razón porque están en una zona de nuestro cerebro más primitiva. Por tanto, más profunda. Es decir, se hallan en la base de todo lo que somos. Así pues, la razón es como un cincel con el que se pueden pulir esas emociones para pacificarlas y permitir que nos ayuden a llevar una vida mejor. Si se consigue, gozas de una buena gestión emocional.

Gestión emocional

Se nos nubla la razón

A todos nos ha pasado alguna vez que la emoción nos nuble la razón. Pero, ¿Cuando se convierte en un problema? El problema nace cuando somos incapaces de gestionar las emociones de una forma sana y adaptativa. En nuestro día a día, es normal que en ciertas situaciones mostremos cierto grado de “impulsividad”. Cuando nos enfrentamos a un peligro, solemos actuar sin pensar, lo cual se debe a que la parte emocional de nuestro cerebro toma el mando. No es algo negativo, al contrario, nos permite responder con la rapidez necesaria recurriendo a nuestro arsenal de respuestas instintivas.

Sin embargo, cuando existe un problema para controlar las emociones y el comportamiento en diferentes situaciones, podemos hacer referencia a un trastorno del control de los impulsos. Para aclarar, estos problemas se caracterizan por la tendencia a llevar a cabo acciones demasiado rápido, de forma irreflexiva e irracional y la incapacidad para inhibir dichas acciones una vez que se han puesto en marcha (poca gestión emocional): de verdad que aunque lo intento cuando me enciendo no puedo parar, es cómo si la ira se apoderara de mi. En resumen, la persona que padece un problema de autocontrol no es capaz de resistir una tentación, impulso o deseo. También, se aprecia una tendencia a la búsqueda de gratificación inmediata. 

lograr el equilibrio entre razón y corazón- gestión

Existen algunas herramientas para lograr el equilibrio entre razón y corazón o al menos apaciguar el poder de las emociones sobre nosotros y nuestros actos: 

    1. Identifica la emoción que sientes.
    2. Reflexiona sobre el pensamiento que te aporta.
    3. Genera una duda. ¿Puedo interpretar la situación de otra forma?
  • Hazte consciente de cómo puede estar afectando tu emoción a la interpretación del acontecimiento. Coge perspectiva. Espera a estar en un estado emocional más neutro.  Actúa siendo consciente de tus emociones.

Si ciertos rasgos de la personalidad cómo la destreza en la gestión de emociones o una elevada impulsividad te provocan malestar o complicaciones no dudes más, acude a terapia psicológica (presencial u online) y adquiere las herramientas necesarias para mejorar y desarrollar tus habilidades. Aprende a vivir más tranquilo, en equilibrio y paz contigo mismo.

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Referencias:

  • Saquillance, M., y Picón, J. (2011). El concepto de impulsividad y su ubicación en las teorías psicobiológicas de la personalidad. Revista Neuropsicología Latinoamericana, 3, núm. 1, 2011, pp. 8-18.